En: Análisis Internacional Escrito por: Ali Gonzalez a las: 18:05
22 Jan12
La eterna rivalidad entre el bien y el mal, entre héroes y villanos, entre el blanco y el negro. Una “lucha” que ha acompañado al hombre desde su origen, y lo seguirá haciendo. ¿Pero podemos hacer algo al respecto? Seguro que sí.
El bien y el mal nos rodean. Lo vemos en las películas más famosas, en las novelas más vendidas, e incluso, hoy en día, hasta en los videojuegos donde grandes y pequeños dedican una considerable parte de sus ratos de esparcimiento; Generalmente –por no decir siempre- queriendo ser el bueno para “ganarle a los malos”.
Salta de inmediato la duda del por qué, entonces, a pesar de la creencia que podríamos tener de que todos siempre queremos tomar el papel de buenos en la película, novela, videojuego, o vida real, movimientos del mal parecen haber marcado la historia del mundo en que vivimos.
Una profesora muy cercana a mi proceso de formación académica me decía que, “tanto el mal como el bien están en la naturaleza humana, tienen incluso raíces biológicas en la especie. Sin embargo, el juego de la construcción del yo en la conciencia, acentuado por las necesidades de insatisfacción de nuestra sociedad de consumo, genera comportamientos egoístas y apáticos ante el otro (…) La compasión de verdad no surge con la fluidez que debiera: pero existen tradiciones que conocen técnicas que permiten apoyar ese proceso de encontrarse con esa naturaleza ‘milagrosa’, que también somos”.
Pero enfocándonos en el tema del mal, que es lo que parece llamarnos más la atención a todos, Hannah Arendt, tras haber presenciado el juicio realizado a Adolf Eichman –conocido por muchos como el Arquitecto de la solución final- en Israel, comentaba que “El mal no es nunca ‘radical’, sólo es extremo, y carece de toda profundidad y de cualquier dimensión demoníaca. Puede crecer desmesuradamente y reducir todo el mundo a escombros precisamente porque se extiende como un hongo por la superficie”.
Para ella, tras haber visto y analizado la conducta de Eichman, lo que le resultó más sorprendente y espeluznante fue que el antiguo teniente coronel de las SS nazi, demostró ser una persona común. Un hombre casado, padre de 4 hijos, quien declaró no ser “antisemita fanático”. Aparentemente ningún monstruo, o asesino patológico. Era una persona que ocupó un cargo y cumplió con su trabajo, destacando y superando los objetivos que le habían sido planteados. El problema es que su trabajo consistió en orquestar uno de los crímenes más atroces e inhumanos que el mundo haya conocido: El Holocausto.
Pero y entonces, ¿Porque hacemos el mal? ¿Qué ha llevado al hombre a cometer crímenes como los del Holocausto? ¿Qué llevó en Ruanda a los hutus a asesinar a miles y miles de tutsis? ¿Qué ha pasado por la mente de aquellos militares que a través de los años en distintos conflictos armados han hecho motivo de chiste y burla las acciones que han atentado contra la dignidad de las personas quienes, por distintas razones, se han convertido en sus prisioneros de guerra?
Un estudio de Philip Zimbardo nos explica esto. Nos trata de hacer ver por qué personas comunes, e incluso “buenas personas”, pueden hacer el mal en distintas situaciones. Trata de hacernos comprender que, en la ejecución de sucesos atroces por su crueldad, maldad y violencia, no debemos pensar que siempre se encuentran personas trastornadas, distintas a la mayoría.
Lo que llama más la atención de su investigación, y así lo demuestran todos sus años de investigación en psicología social, son los factores situacionales que hacen que en determinados contextos, cuando concurren factores oportunos -o inoportunos para las victimas-, los seres humanos decidamos actuar en una manera en la que nunca hubiéramos imaginado, ni nosotros, ni quienes nos rodean.
Lo preocupante del mal es que por estar en la naturaleza del hombre, debemos trabajar para tratar de erradicarlo, pero conscientes de que probablemente no sucederá. Lo que si podemos hacer, con seguridad, es reducirlo. ¿Cómo hacemos esto? El trabajo no es fácil, pero tampoco imposible.
Debemos convertirnos en agentes de cambio performadores. Transmisores de valores y defensores de la dignidad de la persona humana. Debemos difundir conocimiento. Debemos enseñar que todas las personas tenemos dignidad, por el simple hecho de ser personas. Saber y dar a conocer, que como nos dice el proverbio buda: “Uno mismo hace el mal, uno mismo lo sufre; uno mismo se aparta del mal, uno mismo se purifica. Pureza e impureza son cosas de uno mismo, nadie puede purificar a otro”.
Entonces, entendiendo que solo cada uno de nosotros puede cambiarse a sí mismo, debemos ayudarnos unos a otros a tomar la decisión de hacerlo. Pero, y se preguntaran ¿Cómo podemos lograrlo? Es importante que enseñemos a través del ejemplo. Reconocer que en la medida en que más personas seamos responsables, honestas, respetuosas, amigos y solidarios con los otros, y transmitamos esto en nuestros hogares, colegios, universidades, lugares de trabajo, gimnasios, etc., cada vez los sistemas facilitadores del mal se verán más debilitados, y el bien prevalecerá.
En este sentido, Zimbardo acuñó en línea a la “banalidad del mal” de Arendt, el término el “heroísmo banal”. Ya que como sabemos, para él, el sistema es el complejo de fuerzas poderosas que crean “la Situación”, y ante el mismo uno puede decidir hacer el mal y dejarse llevar por la circunstancia, o hacer el bien y luchar contra ella. Esta última seria la considerada por él como “heroísmo banal”.
“Los héroes son personas ordinarias que realizan acciones extraordinarias, que ACTÚAN cuando otros se mantienen pasivos, que renuncian al EGOcentrismo por el SOCIOcentrismo” Philip Zimbardo
Entonces, seamos performadores extraordinarios, que actuamos cuando otros dejan de hacerlo, y hacemos esto no solo por nosotros mismos y nuestros círculos sociales inmediatos, sino por la comunidad global en que vivimos.
Alí A. González Ventura, Int.
En: General Escrito por: Ali Gonzalez a las: 13:50
4 Jan12
Estimados lectores de ALGONZALEZ.com, en esta ocasión quiero compartir con ustedes un increíble y esclarecedor video de Philip Zimbardo, psicólogo, investigador del comportamiento y autor del libro “El Efecto Lucifer”, quien ha sido profesor en prestigiosas universidad como Yale, NYU y Columbia University.
Zimbardo a través de su libro y video nos explica por qué personas comunes, e incluso “buenas personas” pueden hacer el mal en distintas situaciones. Trata de hacernos comprender que, en la explicación de sucesos atroces por su crueldad, maldad y violencia, no debemos pensar que siempre se encuentran personas trastornadas, distintas a la mayoría.
Lo que llama más la atención de su investigación, y así lo demuestran todos sus años de investigación en psicología social, son los factores situacionales que hacen que en determinados contextos, cuando concurren factores oportunos, los seres humanos actuemos en una manera en la que nunca hubiéramos imaginado, ni nosotros ni quienes nos rodean.
En su tesis, Zimbardo hace referencia a otros estudios sobre procesos psicológicos como: la desconexión moral, de Albert Bandura; la conformidad con el grupo, de Solomon Asch, y; los estudios sobre la obediencia a la autoridad, de Stanley Milgram.
El video y el trabajo de Zimbardo, en general, ayudan a entender atrocidades históricas y crímenes contra la humanidad, como lo han sido el Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial, el genocidio de Ruanda, y los crímenes de guerra cometidos por distintos cuerpos militares en nuestra historia contemporánea, por nombrar algunos casos.
¡No dejen de ver este video!
“Los héroes son personas ordinarias que realizan acciones extraordinarias, que ACTÚAN cuando otros se mantienen pasivos, que renuncian al EGOcentrismo por el SOCIOcentrismo”
Philipe Zimbardo
En el año 1938, una serie de barcos partieron del puerto de Hamburgo, llenos de personas de religión judía, quienes huían de las crueldades y las sistemáticas represiones del régimen nazi liderado por Adolf Hitler.
Incluso una vez zarpado los barcos, estas personas temieron por sus vidas, ya que las órdenes del Fuhrer habían sido que si ningún país aceptaba a estos refugiados, los mismos debían ser lanzados al mar y allí dejarlos perecer.
Entre las embarcaciones destacaban dos, el Caribia y el Koeningstein, las cuales llevaban como como destino El Caribe. Los judíos que allí se encontraban eran de origen alemán y austriaco, y fueron rechazados tras un largo viaje por países como Trinidad & Tobago, Barbados, Guyana Inglesa, Curazao, etc.
A continuación comparto con ustedes un excelente documental, escrito y dirigido por Jonathan Jakubowicz, y producido por Elisabeth Mundlak, que narra la historia de este grupo de más de 200 judíos, quienes a bordo las dos embarcaciones, encontraron un hogar en Venezuela, gracias al permiso de entrada al país otorgado por el General Eleazar López Contreras, presidente de Venezuela para el momento.
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